URIBISMO Y LA DEMOCRACIA EN COLOMBIA

Por Pedro Nel Burgos H.

 

En Colombia se vive un fenómeno en el que la democracia se ha convertido en una máscara que cubre al totalitarismo y el autoritarismo-burocrático, lo cual pone en una inminente crisis la participación de los ciudadanos y los movimientos políticos colombianos; además de perfilar un nuevo estilo de estado que tiene como objetivo militarizar al país, abandonando otras responsabilidades como salud, educación, empleo que son necesidades urgentes para el pueblo.

No obstante, y siendo algo optimistas, pareciera que esta mascara estuviera dando resultado y fuera una salida acertada para no generar una posible revolución que afecte –nuevamente- internamente al país, como sucedió a mediados del siglo XX cuando se conformaron las guerrillas colombianas, las cuales han sido la excusa de los problemas que impiden el crecimiento de esta nación y la razón del actual gobierno de Álvaro Uribe Vélez, quien a través de su propuesta de Seguridad Democrática, logró una segunda reelección en el año 2006.

Con la hipótesis que la democracia es una máscara del totalitarismo y el autoritarismo en Colombia, intentaré dar algunas razones generales sobre esta suposición, mediante el presente ensayo, que tiene como referente el gobierno de Uribe Vélez, y en el que procuraré exponer las ventajas y desventajas de este sistema de gobierno democrático del siglo XXI.

Autoritarismo-burocrático del siglo XXI en Colombia

No cabe duda que desde el año 2002 al 2006, la sociedad colombiana ha sufrido grandes cambios como una nación democrática, con el surgimiento de tendencias totalitarias y autoritarismo –burocráticas que se entre mezclan –invisiblemente- en el mandato de Álvaro Uribe Vélez, quien ha logrado ese supra-poder1 que lo pone por encima de los partidos y el Estado. “El poder incorporado en un grupo, y en su grado más alto en un hombre, se combina con un saber igualmente incorporado de manera que nada en lo sucesivo puede fracturarlo.”2 Es una nueva forma de estado en el que se utiliza el concepto de democracia para realizar prácticas provenientes del modelo despótico que tiene como objetivo implementar un estilo de mando, que pretende  someterse entre el pueblo y los partidos políticos del país, para así conseguir el dominio del poder del ejecutivo sobre los demás poderes principales en Colombia –poder judicial y poder legislativo-, provocando la coalición de los partidos que han perdido popularidad electoral en las últimas décadas; por ejemplo, el liberalismo y el conservadurismo colombianos que, antes del 2002, iniciaron un proceso de debilitamiento entre la sociedad, pero que en el 2006, especialmente el partido conservador, recuperó su popularidad electoral, caso que no se dio con el partido liberal, el cual hizo oposición al gobierno de Uribe Vélez.

Dicho despotismo es un factor que pone en crisis la democracia debido a que las decisiones son tomadas sin involucrar la participación de la sociedad civil, lo cual hace evidente un autoritarismo que se evidencia en los últimos acontecimientos políticos en Colombia, por ejemplo, la decisión que tomó Uribe en el operativo que causó, la muerte de Raúl Reyes, la liberación de Ingrid Betancourt, hechos que, por un lado, fueron realizados con la intención de  comprobar el avance de la seguridad democrática en el país y la efectividad del gobierno durante el poder. Por otro, para ejercer el principio rector del despotismo que, en este caso, pretende eliminar las guerrillas, que desde hace más de 50 años, son la máxima expresión de la revolución colombiana. Es lo que Michael Mann3 denominaría “reducción de la heterogeneidad”, que es un proceso que se dio para exterminar las comunidades indígenas de Europa y Estados Unidos, con el fin de lograr una igualdad étnica, en Colombia, aunque “no” se de en este aspecto, me atrevo –sin forzar mucho- a relacionarlo con la persecución a quienes se catalogan colaboradores o integrantes de los grupos terroristas colombianos, ya sean FARC o AUC, con la justificación de que una vez terminado el conflicto interno la seguridad no será la preocupación más urgente del país porque la inversión extranjera y local aumentará y reactivará la economía.

Pero más allá de este ejemplo, está la utilización del despotismo como un mecanismo que supera al poder infraestructural que es acorde con países democráticos,  en los que “el Estado moderno ideal  combina un alto poder infraestructural y un bajo poder despótico […]” (Mann, “La Crisis…, pp. 25) pero que dicha teoría queda solo en un ideal, porque lo burocrático y lo autoritario se manifiestan a través de una guerra interna que se justifica en una seguridad nacional por encima de la democracia y otros factores como educación y salud, pero que fortalecen la confianza de los inversionistas estadounidenses y europeos. Al respecto Yolanda Rodríguez, refiriéndose a la reelección de Uribe y su propuesta de Seguridad Democrática, dice:

“Hoy asistimos a una omnicrisis; por lo tanto, la excepción llega a ser indefinida. Lo excepcional se vuelve técnica del gobierno. En este sentido, la guerra es el principio organizador básico de la sociedad y la política, uno de sus medios. La guerra se inscribe así en las instituciones sociales y potencia los sistemas de desigualdad económica; es hoy la matriz general de todas las relaciones de poder técnicas de dominación.”4
           
            Evidentemente, las fuerzas armadas colombianas han crecido, considerablemente, llegando a descentralizarse por todo el país, tanto que los sitios que eran dominados por grupos guerrilleros ahora son controlados por el ejército. Las carreteras principales en las que se sufría constantes asaltos y retenes guerrilleros, son transitables; las ciudades han dejado de ser escenarios de asesinatos y atentados. Se evitó que el cercó urbano que realizaban las FARC a todas las capitales colombianas, entre los años 2000 y 2002 fuera desmantelado. Así, puede afirmarse que la Seguridad Democrática, en cierta medida, ha dado resultados positivos, especialmente, para los terratenientes y las elites oligárquicas nacionales o extranjeras, los cuales se convierten en seguidores de las propuestas del gobierno uribista, de ahí que hasta los medios de comunicación5 –Caracol y RCN6 - sean en los que se muestran, desde su lado más favorable para el gobierno, los resultados de la guerra en contra de los grupos terroristas y en los que la popularidad de Uribe Vélez7 se desarrolla en su máxima expresión.

En este orden de ideas, lo que se ha producido es una “revolución desde arriba” que favorece los intereses del capitalismo, que en el actual gobierno colombiano se impulsa a través de la línea del neoliberalismo que tiende a un transformismo de las responsabilidades del Estado con la sociedad y que en palabras de Eduardo E. Basualdo, es un “[…] transformismo, que se caracteriza por ser una situación en la que los sectores  dominantes excluyen  todo compromiso con las clases subalternas, pero mantienen la dominación (hoy llamada gobernabilidad) sobre la base de la integración de las conducciones políticas de esas clases subalternas.”8

Son evidentes, los principios de autoritarismo en la política de gobierno que Colombia vive desde el 2002 y que se intensificó a partir del 2006 con la reelección de Álvaro Uribe Vélez, tiempo en que se ha practicado el paternalismo-patronazgo y clientelismo.  El primero es utilizado por Uribe con mucha frecuencia y dado a conocer a la sociedad civil, por ejemplo, un hecho de este tipo sucedió con el ex presidente Andrés Pastrana, quien hizo un intento de oposición, pero que después de una reunión privada, en la Casa de Nariño en Bogotá, aceptó el cargo de embajador en Estados Unidos, cambiando su punto de vista y aceptando fidelidad ante el gobierno. Ofrecimientos de este tipo, son dados a los ciudadanos que participan en los consejos comunitarios que, cada ocho días, se realizan en alguna parte de la geografía del País. De ahí que, el patronazgo “[…] permita maximizar los contactos entre el partido y los electores, favoreciendo un reparto de los beneficios, a la vez que minimiza (ba) el contenido real de las concesiones que se haga (hacían).”9 Son acciones que crean en el mandatario una imagen heroica cargada de inteligencia y audacia, algo similar a lo que hizo Hipólito Yrigoyen en Argentina, con nombramientos, que “[…] individual y colectivamente, aumentaron el número de los que…. gustosos se harían matar en defensa de su ídolo.” (Rock, “El ascenso…”pp.177).

Por otra parte, el clientelismo también ha estado presente en el estilo democrático colombiano, en el que los sobornos y la compra de votos son recompensados con cargos públicos, un ejemplo reciente fue el supuesto soborno que recibió la senadora Yidis Medina por su voto en el senado a favor de la reelección, quien además de una gran cantidad de dinero recibiría puestos públicos para ser repartidos a su conveniencia. Sin embargo, estos fenómenos no afectaron radicalmente la popularidad de Uribe, aunque si fue utilizado por la oposición como mecanismo de insurgencia que les permitió adquirir adeptos a su partido o movimiento.

Dentro de este proceso simbólico del autoritarismo, se ha perfeccionado el proceso de investigación de las instituciones fiscales como DAS y Sijin -las cuales estaban en crisis interna-, permitiendo un mejor seguimiento e identificación de la información que el Estado requiere para cumplir sus objetivos militares en contra del terrorismo –es un proceso que utiliza un hipermodernismo10 , mediante el que se hace un mapeo de datos que permiten la ubicación de los posibles frentes terroristas y de narcotráfico colombianos y las posibles rutas o acceso por los cuales operan-. Un proceso similar al que hizo Fujimori cuando creo el SIN, mediante el que se interfería teléfonos, se torturaba y vigilaba. De ahí que, la muerte de Raúl Reyes y la liberación de Ingrid Betancourt hayan tenido éxito. De lo que se trataba era de hacer que el régimen hable de lo bien que hace por la sociedad, intentando rescatar el esfuerzo de los funcionarios11 que trabajan en ese proyecto y afirmando que el gobierno tiene la capacidad de llevar a cabo cualquier estrategia militar o de control civil, y que no requiere de la interferencia de otros mandatarios –Hugo Chávez, Rafael Correa- o países que tiene en mente ganar popularidad a partir del conflicto colombiano y buscan la movilización de la población, a favor de sus políticas y en contra del imperialismo. Una movilización que, en Colombia, sólo se da en épocas electorales, cuando los ciudadanos votantes ejercen la democracia por un día o cuando son convocados por el líder -práctica de un evidente totalitarismo en un estado democrático-.

El totalitarismo y el autoritarismo modernos “[…] surgen de una mutación política, de una mutación de orden simbólico, cuyo mejor testimonio es el cambio de estatuto de poder” (Lefort, “La cuestión…” pp.)  y en donde una coalición y un líder,  se presentan “[…] como portadores de las aspiraciones del pueblo entero y como dueño de una legitimidad que lo pone por encima de las leyes; se apropia del poder destruyendo a todas las oposiciones; el nuevo poder no rinde cuentas a nadie, se sustrae a todo control legal” (Lefort, “La cuestión…” pp. 41). Es decir, que el mismo pasado del líder puede ser oculto con otros temas que emergen como problemática urgente entre la sociedad o con otros acontecimientos que el gobierno junto con los medios de comunicación identifican y establecen como relevantes; por eso, no se encuentra relación comprometedora de Uribe con los paramilitares o narcotraficantes, aunque sus amigos políticos y familiares la tengan.  Por ejemplo, cuando los jefes de las autodefensas iniciaron su confesión y dieron pistas sobre los políticos implicados con el paramilitarismo, entre ellos Mario Uribe, primo de Álvaro Uribe y se empezó a encontrar relaciones que comprometían al mandatario, este optó por extraditar sin previo aviso a los subversivos a Estados Unidos, violando el debido proceso de los “terroristas” y dejando impune la reposición que se debía hacer a los familiares de las victimas.

 Lo cierto es que la democracia colombiana es una práctica que esta siendo manipulada como escudo de fuerza por sistemas totalitarios y autoritario-burocráticos que utilizan este mecanismo en época de elecciones, donde el sufragio universal pretende ejercer soberanía popular cuando el ciudadano que puede votar cede su voluntad a la voluntad del “representante” y deja en las manos de éste el destino político del país. En este punto, sabiendo los beneficios y los prejuicios que parece ofrecer el totalitarismo y el autoritarismo-burocrático colombiano, cuando se habla de seguridad nacional e inversión de capital, ejes importantes para el desarrollo, se hace necesario preguntarse ¿Es conveniente seguir con el proyecto democrático sabiendo que no puede cumplirse? ¿Es mejor cambiar lo democrático por el autoritarismo - totalitarismo?

Totalitarismo en Colombia

El éxito de Álvaro Uribe durante sus seis años de gobierno se produjo por la desestabilización y la crisis política y de seguridad que vivía Colombia antes del 2002. Si bien entrado el siglo XXI, las guerrillas y los paramilitares estaban apoderados de casi todo el territorio nacional, tanto que hasta las guerrillas iniciaron un proceso de cercamiento a las ciudades, especialmente después del utópico proceso de paz que estableció Andrés Pastrana y las FARC, que lo único que ocasionó fue que el grupo guerrillero se fortaleciera militar y financieramente. De ahí que, los secuestros, atentados, extorsiones y la no transitabilidad por las carreteras se hayan tomado como imagen de Colombia a nivel nacional e internacional. Hechos que Uribe propuso eliminar una vez llegara al poder y que logró mediante la aceptación de una gran mayoría, en una primera vuelta electoral, que le concedió realizar su propuesta, la cual se repitió en el 2006, cuando el apoyo electoral se incrementó un millón y medio, ratificando su promesa de acabar con el terrorismo y calificar positivamente la propuesta de seguridad democrática, que se constituyó a partir del accionar guerrillero y paramilitar, “[…] como la condición base por la cual la sociedad aceptó el endurecimiento del marco legal antisubversivo sin mayores cuestionamientos.”12 Sumado a esto, el incrementó de la inversión de capital extranjero en el país tuvo garantías de rentabilidad para el capitalismo y la oligarquía.

Sin duda, el crecimiento del capitalismo en Colombia es un síntoma que en el gobierno de Uribe Vélez ha impulsado considerablemente, poniendo en duda la práctica de una verdadera democracia porque ésta y el capitalismo no pueden darse juntos, porque el capitalismo exige la concentración de la riqueza en las minorías adineradas y la explotación de las mayorías sin dinero. Además, de obstaculizar la equidad y la participación ciudadana. Sin embargo, Atilio A. Borón,13 citando a Buenaventura de Sousa, considera que se debe crear un nuevo modelo de democracia o mejor “reinventar” o “democratizar la democracia” teniendo en cuenta que  el proyecto actual de democracia ha terminado en el fracaso debido a que:

“La tensión entre capitalismo y democracia desapareció, porque la democracia empezó  a ser un régimen  que en vez de producir redistribución social la destruye […]Una democracia sin redistribución social no tiene ningún problema con el capitalismo; al contrario, es el otro lado del capitalismo, es la forma más legitima de un Estado débil” 14

En este sentido, la actual democracia pasa un momento de crisis que es aprovechado por las tendencias totalitarias y autoritarias que se ejercen en Colombia, llegando a degradarla con la participación del sufragio e identificándola con instituciones de carácter electoral, donde “el número sustituye a la sustancia”, como afirma Lefort (Lefort, “La cuestión…” pp. 49); es decir, una democracia de tipo liberal que reclama “[…] resguardar la independencia y autonomía del individuo frente al estado, y mantener a este dentro de los límites del llamado “estado mínimo.” (Boron, “Crisis…” pp. 293) por lo tanto, este tipo de democracia en algunos casos es aceptable por el capitalismo, pero una democratización en la que se exija igualdad de condiciones es una iniciativa que termina por considerarse detestable por la oligarquía y finaliza atacada por cualquier medio posible.

La crisis de la democracia, podemos afirmar que es la causa de nuevos regimenes, como el de Colombia, en el que se opta por estilos diferentes que se identifican con la derecha; tal vez, se la razón por la que es el único país en los Andes que pertenece al conservadurismo y que puede ser el único que no acepte, una democratización de la democracia, después de su experiencia con la revolución de los años cincuenta del siglo XX, que intentó este fin y en la que:

 “[…] la sociedad está dispuesta a ensayar lo que en la década del sesenta y setenta se denominaba una vía no-capitalista. […] Reinventar la democracia podrá ser considerado un proyecto muy razonable, sensato y gradual para las clases subalternas, sus intelectuales y sus organizaciones sociales y políticas. Pero para la derecha, sobre todo nuestra derecha en América Latina, un proyecto de ese tipo es inequívocamente subversivo y debe ser sesgado de raíz.” (Boron, “Crisis…” pp. 296)

            El predominio de la derecha en Colombia,  se debe a que en los Andes se vive un ajuste político que, según Pablo Andrade “[…] se inicia a partir de la desintegración  (brusca o paulatina) de la coalición del poder dominante hasta ese momento.”15 Aunque existe una diferencia en el caso colombiano, porque Andrade se refiere a un proceso en el que aparecen actores nuevos, es decir los llamados OUTSIDER y Álvaro Uribe no pertenece a estos, porque él ya tuvo un recorrido político a nivel nacional16 , sin embargo, el aporte se basa en que este ajuste puede producir cambios políticos que pueden llevar a un régimen autoritario y la inminente reelección seguida del presidente. “El ajuste culmina, por lo tanto, con la consolidación de la nueva coalición dominante, y la restitución de un conjunto de competidores fuertes.”(Andrade, “2005-2006…” pp.46).

Sin lugar a dudas, la crisis organizativa al interior de los partidos, hizo que éstos formaran una coalición dominante que les permitió recobrar el poder electoral que por décadas los distinguía en las votaciones, porque no han tenido otra alternativa con el fenómeno del uribismo, que hasta el momento no tiene competidor ni reemplazo en  Colombia. Por lo tanto, se hace inminente una posible segunda reelección para el 2010 con miras en hacer una reformulación en la constitución en la que permita otra reelección para el 2014, lo cual daría un permanecía de Uribe de 16 años en el poder.

Desde esta perspectiva, puede referirse que la democracia totalitaria que actualmente se ejerce en el gobierno de Uribe, tuviera sentido y estuviera centrada en la vía de un proceso que a pesar de ser neoliberal tiene intenciones de encaminarse por la ruta para alcanzar a los países del primer mundo. Sin embargo, puede presentar dificultades con las últimas movilizaciones que se han generado a raíz del problema del secuestro en Colombia, porque puede ser síntoma de una verdadera revolución desde abajo que se perfila y esta buscando la “democratización de la democracia” colombiana. No hay que olvidar, que la historia latinoamericana nos recuerda que la movilización popular ha derrotado a gobiernos y dirigentes; sin embargo, los sistemas totalitarios y burocráticos hacen uso de sus capacidades de poder a través del cual controlan medios de comunicación, cooptación de dirigentes, corrupción con líderes populares y diseñan campañas para atemorizar a los ciudadanos – votantes, impidiendo este tipo de revoluciones. Esto sin mencionar los problemas organizativos que presentan los partidos y los movimientos políticos en Colombia, porque  se padece de una prematura movilización de clases que todavía no tiene intensiones de hacer una oposición que pudiera generar un golpe de estado o revoluciones de intensidad que pongan en “jaque” al gobierno. Las que se han producido, hasta el momento, han sido impulsadas por el Estado o controladas por éste, mediante acciones que las desvirtúa, ejemplo, -aunque sea repetitivo- la liberación de Ingrid Betancourt.

Finalmente, nos queda permanecer en la espera de lo que puede suceder después de algunas décadas, porque seguramente, experimentaremos los resultados de aquellas decisiones que se evaluaran como viables o no, pero que sin duda, serán más reaccionarias que la derecha con una  posible “democratización de la democracia.” Falta esperar que acciones ejercerán las izquierdas colombianas con su no aceptación del imperialismo y capitalismo, frente al cierre del ajuste político que terminó con el conservadurismo colombiano y frente a lo que Lefort considera el modelo revolucionario de la democracia  que prohíbe  que un gobernante se apropie del poder, donde “el lugar del poder se convierte en un lugar vacío” (Lefort, “La cuestión…” pp. 47),el cual puede ser ocupado por cualquiera de los representantes de los ciudadanos pero que esta siendo usurpado por Uribe Vélez y su bancada conservadora.


1 El comportamiento generoso y humilde que caracteriza al mandatario colombiano, en los consejos comunitarios y sus discursos, en los cuales da el máximo de confianza a la gente. El buen manejo de estrategias de comunicación política, han hecho que las particularidades, bondades y caracteres de los gobernantes o candidatos se masifiquen y lleguen a considerarse como prácticas que identifican a las masas. Es decir, que de lo más común se hace un sensacionalismo que gusta a la gente y por ende, el ejecutivo logra adquirir un “suprapoder” que le permite permanecer en el gobierno por varios periodos consecutivos, a pesar que las constituciones no permitan la reelección, porque estás sufren cambios por proyectos legislativos que son formulados y ejecutados por coaliciones políticas del congreso; además hace que el sistema democrático sea incidido por el totalitarismo, el autoritarismo y lo burocrático, que perfilan la nueva democracia en Colombia y que posiblemente, sean el futuro para integrarse a los países del primer mundo. 

2 Claude Lefort, “La cuestión de la democracia”, en la Incertidumbre democrática. Ensayos sobre lo político, Barcelona: Anthropos Editorial, 2004. pp.41

3 Michael, Mann,  La crisis Política Colombiana. Más que un conflicto Armado y un Proceso de Paz. En: Ana C. Mason y Luis Javier Orjuela, La Crisis Política Colombiana, Bogotá: Uniandes, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Ciencia Política, Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales, CESO. Primera Edición, 2003. pp.25.

4 Yolanda, Rodríguez R,  Del bipartidismo al neobonapartismo ¿crisis de la participación? En: Miguel Ángel Herrera Zgaib, El 28 de Mayo y el Presidencialismo de Excepción en Colombia. Bogotá: UNAN, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Departamento de Ciencia Política. UNIJUS. 2007. pp. 65.

5 En Colombia con el caso de Álvaro Uribe Vélez, se puede afirmar el excelente manejo de medios que realizó durante su gobierno, en los medios de comunicación privados y públicos durante su cargo como presidente entre 2002 y 2006, especialmente, en este último año, donde logró ser el foco de atención de medios escritos, visuales, auditivos y digitales. Tiempo en el que logró una popularidad mediática. De ahí que, las ventajas electorales le hayan favorecido considerablemente, llegando a aumentar su votación más de un millón y medio, con relación a su primera elección. “En la era política mediática es posible que desde los medios se construyan o rehagan símbolos, los mismos que pueden ser referentes destinados a contribuir en la consolidación de una cultura política de tipo democrático, como es también que se organicen y difundan discursos dirigidos al servicio exclusivo de una persona o el fortalecimiento de un proyecto político…”, (Olano, “Tentaciones…” pp. 151) como el uribismo.

6 Hago referencia a estas cadenas informativas puesto que provienen de las organizaciones más importantes de Colombia: Ardila Lulle y Santo Domingo, que son las dueñas de la mayoría de las empresas e industrias colombianas y de otros medios de comunicación del país.

7 Parece que en la actualidad política, conseguir la popularidad por parte de los líderes políticos es una de sus metas principales, tanto que llegan a considerarse para el pueblo como personas sobrenaturales cargadas de poder celestial, llegando  a ser identificadas como los salvadores y los únicos capaces de dirigir y administrar nuestros países y sobre todo con la capacidad de combinar en la democracia otros tipos de gobierno o proyectos políticos que constituyen acciones anti-democráticas.  Intentos que se han vivido en la historia y hoy son dispositivos de las actuales democracias andinas y latinoamericanas, donde  los medios de comunicación se utilizan como mecanismos de participación y canales de transmisión de información que han incidido en la implementación de proyectos anti-democráticos, en Colombia, mediante el es ascenso de popularidad de Álvaro Uribe Vélez.

8 Eduardo E., Basualdo, “Introducción” y “las nuevas características del sistema político y la sociedad civil a partir de la dictadura militar” en sistema político y modelo de acumulación en la Argentina, Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmas, 2002. pp. 25

9 David Rock, “El ascenso del radicalismo, 1891 – 1916” y “El primer gobierno radical, 1916-1922” , en David Rock, El radicalismo argentino, 1980 – 1930, Buenos Aires: Amorrortu, tercera reimpresión 2001. pp.72.

10 James, Scout, “Introduction” y Authoritarian High Modernism” in Seeing Like a State. How Certain Schemes to improve the human condition have failed, New York: Yale University Press, 1998.

11 Romeo Grompone, “Al día siguiente: El fujimorismo como proyecto inconcluso de transformación política  y social” (selección) en Julio Cotler y Romeo Grompone, El Fujirismo, ascenso y caida de un régimen autoritario, Lima: IEP, 200. pp. 110

12 Aldo, Olano, “Tentaciones autoritarias en la Región Andina” en Andrade A., Pablo (ed.) constitucionalismo autoritario: los regímenes contemporáneos en la Región Andina, Quito: CNE-Universidad Andina Simón Bolívar, 2005, pp. 137.

13 Atilio Boron, “Crisis de las democracias y movimientos sociales en América Latina: notas para una discusión” en CLACSO, OSAL, año VII, N° 20, mayo-agosto 2006. pp. 291

14 Santo, Buenaventura, autor citado por Atilio Boron, en “Crisis de las democracias y movimientos sociales en América Latina: notas para una discusión” en CLACSO, OSAL, año VII, N° 20, mayo-agosto 2006. pp. 291

15 Pablo, Andrade, “2005-2006, año electoral en los Andes ¿El fin del ajuste político?” en Comentario Internacional N° 7, Quito: CAEI-Universidad Andina Simón Bolívar, 2006, pp. 45.

16 Fue alcalde de Medellín, Senador de la República, Gobernador de Antioquia.

 

 

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