PANDILLAS
LOS
DE LA ESQUINA: Una experiencia desde adentro
Por
Diana María Enríquez Coral
Hablar de las pandillas resulta tan “aburrido” como
hablar de miles de fenómenos que existen en nuestra región.
Digo “aburrido” porque sencillamente se han realizado
miles de trabajos sobre ellas, pero siempre desde afuera, nunca
siendo parte de ella.
Hace
más de 3 años inicié una investigación
etnográfica con un grupo de jóvenes que me permitieron
adentrarme en ellos para así conocerlos realmente, para
ello lo primero que hice fue despojarme de todo prejuicio que
sobre este tema se ha expuesto, el resto fue la convivencia
diaria y la enorme curiosidad de conocer el porque éste
tipo de grupos es tan atrayente para los jóvenes de nuestra
ciudad.
Las pandillas son el esfuerzo espontáneo de los jóvenes
para crear una sociedad para ellos mismos en medio de una, donde
no existe nada adecuado a sus necesidades. Lo que los jóvenes
obtienen por medio de las actividades de la pandilla es lo que
les es negado en el mundo de los adultos: protagonismo. Los
tatuajes, el argot y un cierto código moral implican
la creación de un cierto orden, su propio orden.
La pandilla llega a determinar hasta la ecología del
vecindario. El punto más notorio de ese poder es el hecho
de que la pandilla ha conseguido transmitir sus tradiciones
de una a otra generación. Cambian los integrantes (aunque
son los primitos, amigos, hijos, los que continúan el
legado), pero persiste el nombre, el código moral, los
tatuajes, el territorio y los lugares de reunión.
Las pandillas de adolescentes han crecido en nuestra ciudad,
y son atrayentes por la posibilidad de un contacto social entre
iguales, personas de la misma edad, idiosincrasia, en fin, con
quienes comparten una identificación especial, dada por
las circunstancias que los rodean (ambiente social, estrato
económico, colegio, simpatía, entre otras).
El
lenguaje proxémico es vital en este grupo humano, las
señales, la jerga y la vestimenta son claves para pertenecer
a un grupo pandillero. El lenguaje de los jóvenes integrantes
del parche nace como una manifestación contracultural
auténtica, reto a la autoridad y autodeterminación
de poder, que les permite huir de los formalismos, las imposiciones
y construir una identidad propia, de grupo, al servir de código
secreto de comunicación e identificación.
Muchos han sido los trabajos realizados sobre “pandillas”,
igualmente muchas han sido las propuestas para acabar con este
fenómeno social que en la mayoría de ocasiones
dañan a las personas que integran estos grupos, como
a quienes los rodean, pero siempre se lo ha tratado desde afuera,
sin conocer el trasfondo de esta tropa de la calle, de esta
cultura, sin saber realmente qué es lo que ellos quieren
y esperan de la vida.
Por este motivo, existe la necesidad de conocerlos a fondo,
de permitir que ellos se expresen, pero no manteniendo un antifaz
mientras saben que es una investigación la que se les
esta realizando, sino que ellos hablen y actúen como
son realmente, dejando los prejuicios a un lado y soñando,
porque aunque muchos no lo crean, ellos también sueñan
y no con cosas malas sino con algo mucho mejor a lo que tienen
hoy.
Nunca me imaginé pertenecer y compartir con un grupo
que ha sido estigmatizado en los alrededores del barrio y en
la ciudad en general. No fue fácil, como lo argumentaba
anteriormente, pero era así la única manera de
descubrir desde lo más adentro de ellos, como piensan,
como se comunican, que esconden, porque hacen lo que hacen,
que es lo que les gusta y lo que les da piedra.
En
una cultura globalizada dominada por las comunicaciones que
le quitan sentido a los espacios, pues se anulan los límites
y las fronteras, en una sociedad que les cierra las puertas
y les niega espacios, los adolescentes crean sus propios espacios,
se apropian de lugares en las calles en los que se reúnen
a conversar y a beber cerveza. Allí se acentúa
lo que tienen en común y disminuye lo que los separa.
Es de lo mas ridículo pensar que las pandillas se acabarán
si en este país se polariza hasta la lengua, si no existen
oportunidades claras como estudio o trabajo. No digo que todos
ellos se mueran por estudiar, porque para algunos es mucho mas
primordial trabajar y tener su propia plata y si conseguir un
empleo hoy en día es casi imposible para quienes cuentan
con el respaldo de un título profesional o lo que es
peor aún, cuentan con la ayuda de “el palancazo”de
algún importante, mucho menos van a conseguir trabajo
muchachos que a duras penas tienen la primaria y se visten de
cierta forma un poco estigmatizada.
Pero
en cambio para aquellos que sueñan con ser médicos,
abogados o cualquier otra cosa que los saque de esto, no existe
posibilidad alguna, pues sencillamente habitan un estrato 3
y el famoso sisben no cubre casi nada, es una locura mirar como
te califican por un “estrato “ y concluyen que lo
tienes todo a pesar de la visita que hacen a tu casa. A varios
de los muchachos del grupo les ha pasado, intentaron estudiar
por medio del Icetex, pero por ser estrato 3 el préstamo
sólo les cubría el 50% ¿y el resto?, es
aquí donde yo me pregunto ¿cómo es posible
que nos salgan de la boca frases que llevan años en nuestro
lenguaje: “los niños y jóvenes son el futuro
de Colombia”?, es increíble y hasta descarado decir
eso, si lo que hacemos por rescatar a los jóvenes que
pertenecen a pandillas es NADA.
Espero que este corto escrito nos haga pensar un poco más
y de verdad nos pongamos los pantalones para trabajar por estos
muchachos, sino es mejor que no se siga hablando de lo mismo
y de lo mismo.
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