LA VISIÓN INGLESA,  GUAYAQUILEÑA Y NARIÑENSE DEL MUNDO ANDINO
Por Esly Ortega*

 

Durante el curso de Enfoques Plurales Del Mundo Andino, se revisaron varios puntos de vista acerca de la construcción de la otredad americana y andina, las visiones se enfocaban en la construcción de la geografía, el carácter del indígena, los debates sobre la humanidad y nivel de civilización conferido al mismo, el tratamiento a la etnicidad americana; en resumen, las reflexiones y discusiones se dirigieron a encontrar las construcciones de la “otredad” andina desde diferentes locus de enunciación.

En este orden de ideas, se revisaron y discutieron las construcciones de dicha “otredad” por parte de Stevenson, cronista inglés del siglo XVIII, cuya intención era dignificar y reivindicar al indígena frente a la llamada “calumnia de América”, proferida por varios pensadores europeos en el contexto de La Ilustración. Así mismo, mediante un ejercicio de análisis y escritura, se comparó la defensa de este cronista y el tratamiento a la etnicidad en la obra poética de José de la Cuadra (1903 - 1941), poeta  guayaquileño, cuya obra, según los críticos, se destaca por su realismo didáctico en defensa de los indígenas y de las clases sociales más depauperadas.

Basándome en este último ejercicio, pretendo establecer diferencias y similitudes entre las construcciones y visiones del mundo andino de estos dos escritores, con la obra poética de  Aurelio Arturo, poeta nariñense, llamado “el cantor del sur”, que nació en 1906 y cuya obra fue producida paciente y paulatinamente entre 1928 y 1970; la importancia de la obra arturiana se viene a reconocer en  1963, cuando el Ministerio de Educación colombiano publica “Morada Al Sur”, con lo cual, recibe el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia. A partir de ese momento, su nombre pasó a ser pieza fundamental de antologías e historias literarias colombianas. (Oscar Torres  Duque.  Biografía de Aurelio  Arturo  en www.lablaa.org)

Para el objetivo señalado, tomaré el tratamiento que los tres escritores hacen de la geografía, el paisaje y el clima; sus visiones sobre la vida rural y el tratamiento a la etnicidad.

Tratamiento de la geografía, el paisaje y el clima:

 

aurelio arturo

 

Comenzaré por señalar que los tres autores tiene en común el carácter misterioso de la geografía y el paisaje, de las montañas, los ríos, y el clima andino; sin embargo, para De La Cuadra estas construcciones están conectadas al carácter del indígena serrano: “…los indios serranos viven metidos en sepulcros. Habitan chozas construidas sobre el suelo desnudo, con paredes de tierra y paja seca”. (Las Huacis de los indios. Fragmento)

Así mismo, en la percepción del clima, De la Cuadra nos dibuja la tristeza o carácter pasivo de la gente, cuya única salida es una resignada fe: “El Campo serrano no tiene toda la paleta. Sólo tiene el gris… Pero, en desquite, el cielo tiene todos los colores… el cielo sagrado de los crédulos, el cielo de esas gentes dichosas que poseen la humilde y cerrada fe del carbonero” (El Color fragmento).

Para Stevenson, el clima y la geografía andinas son tratadas  para  justificar el ritmo de trabajo de los habitantes de estas tierras cuando dice: “…en todos los climas calientes es común la tendencia a ser indolente, es incluso hasta natural” 

Mientras, en la obra de Aurelio Arturo, se encuentra una representación que ni Stevenson ni De la Cuadra habían conferido a la geografía y paisajes andinos, esta es, el reconocimiento del mestizaje, pues los dos escritores siempre ven a los Andes como un lugar americano, Stevenson solamente intenta establecer comparaciones con algunos puntos geográficos de Europa, pero quien traslada el mestizaje, o lo asimila, a los paisajes y a los colores de la tierra es Arturo, esto lo encontramos en el inicio de Morada Al Sur y en un fragmento del poema Lluvias:


Morada Al Sur.

I.
En las noches mestizas que subían de la hierba,
jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,
estremecían la tierra con su casco de bronce.
Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.

Con respecto a esta estrofa, William Ospina, conocedor de la obra de Arturo, describe el carácter épico de la obra del poeta, la presencia española en los caballos, que pisan tierra americana, y al hablar de esas noches mestizas, dice: “Esas noches donde se cruzan las razas, esa épica descripción de los potros que avanzan castigando y modificando la tierra”, la tierra del Nuevo Mundo.

En esta misma línea de representación del mestizaje, encontramos en  estos versos del poema Lluvias, una tierra ancha, donde existen varias tierras, no es tierra única, homogénea, de un sólo color, sino esa tierra mestiza,que es ancha y verde y negra y dorada.

… así principian esas lluvias inmemoriales
de voz quejumbrosa
que hablan de edades primitivas
y arrullan generaciones…
…y fertilizan la ancha tierra
la tierra negra
y verde
y dorada.


De este modo, Aurelio Arturo descubre y representa en la tierra a la raza africana, a la indígena y a la blanca.

Así también, la geografía, la hierba, los vientos, la noche en Arturo, representan a una madre amorosa, una cuna que lo mece, un vientre que lo protege, esa noche es su nodriza de raza negra, marcando el juego que establece en su poesía, personificar al paisaje y convertir en paisaje, noche o viento a los habitantes del mágico sur:

¿Por qué ya no me arrullas, oh noche mía
amorosa,
en el valle de yerbas tibias de tu regazo?
En mi silencio a veces aflora fugitiva
una palabra tuya, húmeda de tu aliento,
y cantan las primaveras y su fiebre dormida
quema mi corazón en ese solo pétalo
Una noche lejana se llegó hasta mi lecho,…
 (Arrullo. Fragmento)


Visiones sobre la vida rural y en contacto con la naturaleza


En cuanto a la visión de la vida rural o entregada a las labores del campo, encontramos en Stevenson dos posiciones para defender al indígena acusado de ser perezoso y de ser inferior por no poseer animales domésticos: “…un clima caliente excluye todo ejercicio físico… añádase a esto  el hecho de que los peruanos no tiene motivo para trabajar más de lo que necesitan…”; Stevenson, ve la vida en Napo como ese ambiente pastoril, el cual es un preámbulo a una vida pensante y de reflexión, y para esto no es necesario poseer animales domésticos: “…No podemos considerar a sus habitantes bárbaros porque no posean rebaños o hatos”

De la Cuadra, no se detiene en las labores del campo, sino que describe los pueblos como una vida ligada a la humildad, la modestia, incluso al miedo: “…Estos pueblos humildes, modositos, bien educados, que se acurrucan, como en un afán de pasar desapercibidos, en la falda de algún monte elevado; sienten miedo o sienten frío.” (Los pueblos. Fragmento)

En la obra poética de Aurelio Arturo, la vida rural es evocada con un carácter épico,  muy sutilmente, sus versos realzan lo dignificante del trabajo de la tierra y la labranza, que se eternizan en plano fantástico e idílico, la vida del campo es cantada con profunda nostalgia al recordar el sur de los andes nariñenses; estos rasgos se evidencian en los siguientes versos del poema Rapsodia para Saulo:

"Trabajar era bueno en el sur, cortar los árboles,
hacer canoas de los troncos.
Ir por los ríos en el sur, decir canciones,
era bueno. Trabajar entre ricas maderas.

...Trajimos sin pensarlo en el habla los valles,
los ríos, su resbalante rumor abriendo noches,
un silencio que picotean los verdes paisajes,
un silencio cruzado por un ave delgada como hoja".

En el mismo poema, se plasman los deseos de Arturo por ser ese hombre rudo, con admiración lo describe y lo inmortaliza al fusionarlo en el paisaje, en la naturaleza, en la vegetación, y finalmente, las manos de Saulo son sus manos:

...Aldea, paloma de mi hombro, yo que silbé por los caminos,
yo que canté un hombre rudo, buscaré tus helechos,
acariciaré tu trenza oscura 'un hombre bronco'
tus perros lamerán otra vez mis manos toscas".

 

El tratamiento de la etnicidad

Stevenson en su defensa del indígena, termina reforzando varias ideas eurocéntricas las cuales se reflejan en el tratamiento de la etnicidad americana, el cronista hace distinciones entre los indígenas de la sierra y los de clima caliente, a los primeros les asigna la cualidad del trabajo y la laboriosidad, mientras debe defender a los de tierra caliente, a quines se le atribuye la pereza o desidia. 

De la Cuadra, como guayaquileño está influenciada por las tajantes diferencias y representaciones entre sierra y costa, y termina estereotipando al indígena serrano, tal como lo demuestran los versos señalados anteriormente. Es decir, que los dos autores, marcan distinciones y un juego de oposiciones en la representación sierra / costa.
Arturo hace un tratamiento muy diferente de la etnicidad, como ya lo había mencionado, el poeta  establece un símil entre su nodriza y la noche, esta  representa a su arrulladora, bella, dulce nodriza negra,(1) quien es idealizada como imagen maternal, sus ojos, sus manos y su saliva son música, son arrullo, son magia. Arturo, eleva a la etnicidad negra en un agradecido canto a quien le brindo cuidados en su niñez: 

NODRIZA


Mi nodriza era negra y como estrellas de plata
le brillaban los ojos húmedos en la sombra:
su saliva melodiosa y sus manos palomas mágicas.
¿O era ella la noche, con su par de lunas moradas?
¿Por qué ya no me arrullas, oh noche mía amorosa,
en el valle de yerbas tibias de tu regazo?
 

En el poema Arrullo, la noche es tácitamente esa nodriza negra que trabaja sin cesar, arrullando a los niños que son hojas, y encontramos que el país es de las hojas y ese país canta, mientras la noche honda solo arrulla, la nodriza negra solo hace su trabajo:

…La noche está muy atareada
en mecer una por una,
tantas hojas.
Y las hojas no se duermen
todas.
Si le ayudan las estrellas…
Pero hay una más ocultas,
pero hay unas hojas, una

que entrarán nunca en la noche,

nunca.
(¿Dónde canta este país
de las hojas
y este arrullo de la noche

honda?)...

                 
La construcción de la etnicidad negra, también la encontramos en el poema Tambores, Aurelio Arturo nos habla de los tambores africanos como sonido lejano, los tambores no son estruendosos, son ese sonido que deben atravesar montañas y valles; para Arturo, la cultura africana es desconocida, misteriosa, no se sabe quién toca los tambores, su sonido está lejos, casi perdido, en la selva o en los desiertos, todos lo comprenden, pero produce o júbilo o espanto a quienes oyen; las manos que los tocan están signadas de tristeza y dolor, sin embargo, esas manos son de un hombre milenario, cuya palabra es la palabra humana, la palabra del hombre, con esta frase Arturo reivindica la humanidad negra y la pone en igualdad de condiciones al carácter humano de todos los hombres sobre la tierra:

Tambores
suenan casi perdidos los tambores
atravesando valles y valles de silencio
y nadie sabe quién los toca
        ni dónde
       pero todos los oyen
y comprenden su mensaje
y se llenan de júbilo o se espantan
dónde suenan
         quién los toca
manos que se han deshecho
          o que están cayendo en polvo
             o que serán la ceniza más triste
dónde suenan
       en las espesas selvas o en las que fueron selvas
         en los desiertos
        suenan en siglos y milenios lejanos
trasmitiendo en la tierra hasta muy lejos
la palabra humana
la palabra del hombre y que es el hombre
       la palabra hecha de fatiga y sudor y sangre
y melodiosa saliva



Conclusión:

Después de realizar este ejercicio lo que más  me llama la atención es que la diferencia entre percepciones, construcciones y tratamientos de la “otredad”, en este caso la andina, depende del locus de enunciación de quien las establece, pero sobretodo de su experiencia vital, pues si bien, en el caso de Stevenson y de José de la Cuadra existe una explicita intención de defender al indígena o de reivindicar esa otredad, bajo mi punto de vista, sus matrices no se ensanchan lo suficiente, solamente se genera un reajuste, pero el sistema eurocéntrico predomina. En contraposición, Aurelio Arturo, aunque no evidencia una crisis profunda que reorganice el horizonte cultural, si logra poner en intima comunión al lector con un sentir, genuino y profundo, que descubre sus conflictos y pasiones por esa vida añorada del sur de los andes nariñenses, de esa tierra escondida, paraíso perdido de la infancia del poeta. En conclusión, Arturo evidencia un compromiso vital porque su poesía es su propia vida.


1 “perduraba en muchos sitios una costumbre. Las familias pobres solían entregar sus hijos, a modo de regalo, a las familias de los terratenientes. Esos hijos, a trueque de ser sostenidos y medianamente educados, entraban a formar parte de la servidumbre pero amparados por una especie de relación familiar. Traían a las grandes casas del campo no sólo evidencias del mundo exterior sino otros pasados, otras supersticiones. Las nodrizas negras que en su poesía se funden en una sola, gigantesca y mítica, traían para Arturo, con las hereditarias hogueras de su sangre africana, historias de caseríos en el interior o junto al mar.”  (William Ospina. La Palabra Del Hombre. 1986. en www.revistanumero.com/48/aurelio.htm - 60k)

* Elsy Ortega Eraso. (Comunicadora social- periodista de la universidad Mariana de Pasto. Candidata a Magíster en Estudios de la Cultura –Mención Políticas Culturales Universidad Andina Simón Bolívar - Quito   

       

 

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